San Eugenio y la Romería de El Pardo

Por María del Carmen de Vicente

El santoral católico nos habla de nueve santos con este nombre pero, nos referimos a San Eugenio, obispo y mártir, del que la iglesia celebra su fiesta el 15 de noviembre.

San Eugenio. Convento de las RR.MM. Concepcionistas Franciscanas

Según su hagiografía San Eugenio murió en Toledo en el año 657 d.C. Se desconoce el año y el lugar de nacimiento dado que, en la antigüedad, no se tenía en cuenta tal fecha, para la iglesia sólo era importante el día de su muerte, que era considerado “el nacimiento al cielo”

San Eugenio fue nombrado obispo de Toledo a petición del rey Chindasvinto del que era maestro y consejero. Se trata de uno de los más prestigiosos escritores de la España Visigoda, impulsor de la poesía y la música sacra.
Los atributos iconográficos de este santo son: la palma, correspondiente a los mártires; el báculo y la mitra, como obispo; un rollo de pergamino o un libro, como padre de la Iglesia y en ocasiones un instrumento musical como promotor de la música sacra.

 

Felipe IV, el cazador. Diego Rodríguez Velázquez. (Prado-Madrid)

Pero… ¿qué tiene que ver este San Eugenio con El Pardo?,  ¿Por qué en este municipio madrileño conmemoran su festividad?, ¿Por qué se hace una romería?. Todo arranca por una leyenda. Se cuenta que el rey Felipe IV estaba de cacería por los montes de El Pardo y, que persiguiendo a una presa, se perdió en la espesura. Hallándose en tal situación, el monarca diviso -no muy lejos de donde él se encontraba- una persona a la que se dirigió en busca de ayuda para encontrar el camino. Se trataba de un hombre que recogía bellotas y las guardaba con presteza en un saco que llevaba al hombro. Por supuesto aquel pobre hombre no sabía quién estaba preguntándole qué hacía en aquella zona que era propiedad real. El furtivo ladrón le contó que recogía bellotas para alimentar a su familia porque, debido a la política restrictiva del ambicioso Conde Duque de Olivares, se veía obligado a esos pequeños hurtos que en nada debilitarían el patrimonio real. En tal conversación estaban cuando la escolta de su majestad llegó en su busca. El campesino horrorizado se temió lo peor y se arrojó a los pies del monarca solicitando su perdón. Felipe IV no sólo no castigó al campesino, sino que le dio unas monedas y le permitió seguir con llenando su saco antes de marchar.

Aquello sucedía un 15 de noviembre, nada nos dice la historia del año pero, estando por medio el Conde Duque de Olivares y conociendo su trayectoria administrativa, podemos suponer que sería en los años 30 del siglo XVII. En recuerdo de aquel día, el rey permitió a los madrileños acceder a los encinares de El Pardo, todos los 15 de noviembre para recoger tantas bellotas como deseasen.

En un principio fueron muchos los madrileños que acudían a aquellos terrenos, vedados el resto del año, para recoger bellotas. Los ciudadanos más humildes aprovechaban aquel permiso real para cargar espuertas y vender luego la mercancía obtenida.

El pueblo madrileño vio, en aquel permiso real, una oportunidad de disfrutar de una zona acotada y empezaron a desplazarse. Aquel día constituía “una escapada familiar a zonas prohibidas”. Los madrileños, siempre alegres y animados, no perdían la última oportunidad del año para organizar una romería, aunque en esta ocasión no se tratase de ninguna festividad religiosa y la dieron el nombre de “Romería de la bellota”. Pero como quiera que aquel día se celebraba la festividad de San Eugenio, con el paso de los años empezó a llamarse “Romería de San Eugenio”.

En aquella época, sin contaminación automovilística, los madrileños acudían hasta El Pardo como podían. Los más humildes emprendían camino andando y el resto de romeros, dependiendo de sus posibilidades, iban a caballo, en borrico, en carros y calesas…

La Romería se hizo muy popular y así quedó reflejada en dichos, refranes, coplas y zarzuelas.

“Abrígate mi niña pa san Eugenio,
Que El Pardo y la bellota traen el invierno”

El Maestro Barbieri y Luis Marino de Larra, estrenan en 1874, “El barberillo de Lavapiés”  cuyo primer acto transcurre en El Pardo, durante la Romería de San Eugenio.

Y para terminar aquel famoso cuplé del Maestro Padilla que, en 1914,  popularizó Raquel Meller. “El Relicario”.

“Un día de San Eugenio,
yendo hacia El Pardo le conocí…

Pero aquella popular romería se vio truncada, en 1936, por la Guerra Civil española porque allí se instaló el cuartel general del Ejercito Republicano y toda la zona estaba militarizada. Posteriormente, una vez terminada la guerra, el  Palacio de El Pardo fue elegido como lugar de residencia del Jefe del Estado.

El paso de los años hizo que la romería fuese pasando al olvido  pero, gracias a grupos de personas amantes de nuestras tradiciones, y que  ponen su ánimo y buena disposición para conseguirlo, se ha recuperado.

Gracias a : Cofradía de San Eugenio, De Madrid al Cielo, El Orgullo de Madrid, Los Castizos, Magerit Dulzaina Viva, Peña El Madroño.

Este año, los miembros de la Sociedad Española de Antropología y Tradiciones Populares han participado en la Romería de San Eugenio de El Pardo.

 

 

 

 

 

Solicitando al Santo

    

 

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