El bosque sagrado de Cenicientos para los antiguos que se está quemando

(Texto e imágenes: Álvaro Anula Pulido)

Fue un bosque sagrado para los celtas y tuvo que estar tan asentado en las poblaciones aledañas que ni la llegada de la romanización ni del cristianismo hizo que sucumbiera. Sin embargo, ahora el bosque de Cenicientos se quema. Y lo hace mientras los lamentos y la impotencia crecen sobremanera frente a una situación difícil de asimilar. Porque, en mitad de las llamas, no solo se están asfixiando fauna y flora, sino los resquicios de un posible culto dendrolátrico en la Comunidad de Madrid desconocido cuya relevancia se pierde en la noche de los tiempos.

La Piedra Escrita de Cenicientos: la entrada a un bosque sagrado

Cenicientos posee no solo un bosque sagrados desde tiempos antiguos, sino que es uno de los enclaves en los que se puede demostrar la existencia de viejas reminiscencias de unas creencias dendrolátricas que no se han podido hallar en otras partes de la Comunidad de Madrid. Este culto a los árboles se pone de manifiesto en la conocida como Piedra Escrita.

La Piedra Escrita es uno de los enclaves más mágicos que se pueden encontrar en la Comunidad de Madrid. Situado a las afueras del término municipal de Cenicientos, se trata de una gran mole de piedra sin aparente interés si se ve por su parte trasera. Sin embargo, en la otra cara se puede un relieve en la roca que lleva ahí desde tiempos inmemoriales. Se trataría de la representación de la diosa Diana recibiendo un ofrecimiento ritual, posiblemente de un bóvido, por parte de una pareja.

Diana, dentro de la mitología romana, es la diosa de los bosques y de la Naturaleza. Por tanto, la Piedra Escrita se ha datado en época romana y sería una especie de delimitador de terreno, como un aviso de que se estaba entrando en un recinto diferente, en un recinto sagrado.

Piedra Escrita, en Cenicientos (Álvaro Anula Pulido)

La Piedra Escrita, un bosque sagrado antes de la época romana

La Piedra Escrita de Cenicientos serviría de marca de acceso a un bosque sagrado dedicado a la diosa Diana. Pero todo apunta a que ya pudo ser un lugar sagrado antes de la llegada de las águilas de Roma a Hispania.

El emplazamiento donde actualmente se encuentra Cenicientos estaba habitado por los celtíberos, concretamente por los vettones. Los celtíberos eran conocidos por sus creencias animistas, donde los cultos arbóreos tenían un protagonismo principal. Es por ello que este bosque donde se sitúa la Piedra Escrita pudo ser de importancia para este pueblo prerromano, dedicado a la diosa Ataecina. Dicha divinidad tenía especial presencia entre los pueblos celtíberos de la mitad oeste de la Península Ibérica, siendo la encargada de proteger la Naturaleza y de traer el florecimiento primaveral.

Relieve de la Piedra Escrita que representaría a la diosa Diana (Álvaro Anula Pulido)

La idea de vincular al bosque donde se encuentra la Piedra Escrita con un recinto sagrado prerromano, encaja con la teoría de Alicia María Canto. La arqueóloga y miembro de la Real Academia de la Historia estudió la Piedra Escrita y consideró que en la parte posterior de la roca existía una representación de lo que sería una huella de oso a tamaño grande. Según Alicia María Canto, la representación de una huella de oso significaba que se estaba entrando en un lugar sagrado.

Lo más llamativo es que la celtíbera diosa Ataecina es una asimilación de la diosa celta Artio, venerada en el ámbito cultural céltico como la divinidad de los bosques y de la caza (justo igual que la diosa Diana a la que se vincula el relieve de la Piedra Escrita). Y la representación de Artio lo dice todo: ¡ se representaba con la figura del oso!

Supuesta huella del oso en la Piedra Escrita que marcaría que es un bosque sagrado (Álvaro Anula Pulido)

La aparición de la Virgen en un roble de Cenicientos

Aun así, la Piedra Escrita no es el único ejemplo de un antiguo resquicio de dendrolatría en Cenicientos. Para buscar otra muestra que demostraría la querencia por los cultos arbóreos en esta zona se halla en el interior del pueblo madrileño, en la Ermita de la Virgen del Roble.

La Ermita de la Virgen del Roble es uno de los principales templos religiosos de Cenicientos debido al fervor que despierta la Virgen del Roble. La ermita fue levantada en el siglo XV con motivo de la supuesta aparición de la Virgen en un roble que, a día de hoy, se conserva en el jardín de acceso a la ermita.

Ermita de la Virgen del Roble, en Cenicientos (Álvaro Anula Pulido)

Hay que tener en cuenta que el roble era uno de los árboles sagrados más relevantes dentro de la religión céltica, presente en los pueblos prerromanos de la Península Ibérica. Por tanto, no dejaría de ser un intento de cristianizar un culto anterior arraigado en el lugar en una suerte de sincretismo religioso, como atestigua la aparición de la Virgen y la colocación de una cruz en el punto exacto donde se encuentra el roble y donde supuestamente ocurrió el hecho prodigioso.

Queda patente que en Cenicientos todavía existe ese eco de los tiempos antiguos, donde la Naturaleza, los bosques y los árboles eran protagonistas de su día a día, de su modo de concebir un mundo hostil. Un mundo hostil que en estos días se ha acrecentado en el pueblo madrileño, donde los bomberos luchan para acabar con un incendio que amenaza a las poblaciones de los alrededores y también a uno de los cultos más desconocidos de la Comunidad de Madrid.

Lugar donde se apareció la Virgen del Roble en Cenicientos, junto al árbol protagonista del hecho prodigioso (Álvaro Anula Pulido)

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