Ciudad romana Santa Criz de Eslava

Por Luis González Fraga

Hacia el cambio de era, el pueblo vascón experimenta el contacto con el imperio. Roma despliega un plan urbanístico para construir en la región media oriental de Navarra, una ciudad a su imagen y semejanza donde convivirán nativos y extranjeros en perfecta armonía. Santa Criz de Eslava es una superviviente a 2000 años de olvido. En la actualidad no es más que una colina verde con formas sugerentes. Su centro es una meseta aplanada y rodeada de taludes verticales. Subiendo por la ladera que hay hacia el este, encontramos otro llano donde estuvo ubicado el foro. A partir de aquí los trazos de las calles y las siluetas de las casas se desvanecen hacia el oriente. También encontramos los restos de una torre medieval de una época posterior. A los pies de la colina y muy próxima a una barriada de casas de vecinos, se hallan los restos de su necrópolis.

Santa Criz fue una ciudad importante durante los primeros siglos de nuestra era, concretamente durante los siglos primero y segundo en que adquirió su máximo esplendor, tras los cuales sobrevino el ocaso aunque continuó siendo habitada hasta los siglos IV y V.

Las toneladas de piedras que se encontraron atiborrando el interior del criptopórtico y el corredor  oeste, pertenecen a los restos de un gran edificio público construido contra terreno para salvar el desnivel natural de la colina. Entre los escombros se encuentran capiteles, columnas, basas y sillares. Elementos diseñados de acuerdo a la moda imperante de la época.

Sobre el criptopórtico se encontró restos arquitectónicos y escultóricos de un gran edificio que formó parte del foro. También se ha encontrado fragmentos de ánforas de vino, contenedores de aceite, delicados candiles, ostras de río, algunas monedas y también fichas y dados de juego.

El valle del Indusi formaría parte del territorio principal anexo a la ciudad, pues más de 30 yacimientos con evidencia de época romana se han detectado tan sólo en el municipio de Eslava. Al menos cinco de ellas eran auténticas villas dedicadas a explotaciones agropecuarias.

Descendiendo por la colina hacia el sur se encuentra la necrópolis. Aún se conservan los restos de un recinto funerario central en torno al cual se diseñó la calle los muertos, pues ambos lados se construyeron las tumbas, algunas humildes, discretas y otras muy fastuosas. En ella se encerraron, en cajas de maderas o vasijas de barro, los huesos quemados de los difuntos, junto a ocasionales ajuar es como la moneda para pagar al barquero Caronte o pequeños objetos personales.

Santa Criz puede considerarse como uno de los yacimientos romanos mejores conservados de Navarra, gracias en parte a su situación marginal con respecto a los cascos urbanos limítrofes, así como a la baja productividad del suelo, un hecho que ha mantenido a salvo sus restos de las actividades agrarias.

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