En las Tierras Altas de Soria hay un lugar que se negó a desaparecer del mapa. Sarnago es hoy sinónimo de resistencia cultural, y detrás de su renacimiento late una fuerza muy concreta: la Asociación de Amigos de Sarnago. Nació en 1980, cuando muchos pueblos se despoblaban sin remedio, y desde entonces se ha convertido en un ejemplo de lo que ocurre cuando la nostalgia se mezcla con la valentía y un punto de rebeldía organizada.
Porque aquí no esperan milagros: los provocan.

Cada verano organizan un abanico de actividades: publican la revista “Sarnago”, proyectan ciclos de cine, montan exposiciones, conferencias, recitales de música folclórica, teatro… ¡arte con mayúsculas en cada grieta del pueblo!

Desde hace tiempo llevaba en mí el deseo de subir hasta Sarnago, ese rincón de las Tierras Altas donde el viento parece guardar voces antiguas. No era un viaje cualquiera, sino una cita con la fiesta de las Móndidas, ese ritual que no es simple costumbre, sino un auténtico canto a la Tierra Madre.
Sarnago me recibió con la fuerza de lo esencial. Con sus casas destruidas me envolvía con el manto de la memoria de nuestros antepasados. Entre las casas derruidas, donde las piedras aún cuentan historias de abandono, asoman algunas viviendas ya arregladas, y hasta un museo etnográfico.
Esa mezcla de destrucción y reconstrucción no entristece: da esperanza. Porque entre muros caídos y ventanas vacías, cada casa recuperada es una promesa de vida, un recordatorio de que los pueblos no mueren del todo mientras alguien siga empeñado en devolverles el aliento.





Museo etnográfico de Sarnago





La biblioteca instalada en el antiguo lavadero.



Al entrar en el pueblo, me encontré con la gente reunida en la plaza, aguardando en silencio expectante. Todos esperaban el inicio del ritual de las Móndidas, esa ceremonia antigua que une a la comunidad y a la tierra. Había en el aire una emoción especial, como si las piedras mismas contuvieran la respiración para dar paso a la fiesta.



Y por fin, salieron, las muchachas y el mozo para dar el comienzo a la fiesta. Las Móndidas no son una estampa folclórica, sino la prueba viva de que el mundo rural conserva una espiritualidad que la modernidad tantas veces ha querido enterrar. Y allí, entre montes y silencios, comprendí que mirar a las Móndidas es mirar a la misma tierra que nos alimenta, nos acoge y nos sostiene.





La fiesta de las Mondidas de Sarnago es una de las celebraciones populares más singulares de la provincia de Soria (San Pedro Manrique, Sarnago). Tiene raíces en rituales de origen agrícola y precristiano, vinculados al culto a la fertilidad, la abundancia y la Madre Tierra.
Consiste en que tres jóvenes del pueblo, llamadas Mondidas, se visten con trajes blancos y portan sobre la cabeza unas grandes “arquillas” (estructuras de madera adornadas con flores, espigas, ramas y panes). Estas arquillas representan la unión de lo humano con lo vegetal, un símbolo de la naturaleza que sostiene la vida. Acompañadas de música y de la comunidad, recorren las calles y participan en la misa y procesión, donde sus ofrendas se bendicen.




Esta fiesta se relaciona con antiguos ritos celtíberos de ofrenda a la tierra y agradecimiento por las cosechas. El cristianismo la absorbió, situándola dentro de la fiesta de San Juan y de la procesión con el santo. Las Mondidas encarnan la fertilidad de los campos y la continuidad del ciclo vital.
En Sarnago, la tradición dicta que el mozo debe introducir el ramo de El Mayo por la ventana de la casa de la moza. No basta con alzarlo orgulloso en la plaza: el verdadero gesto de amor y valentía está en deslizarlo, con destreza y a escondidas, por la ventana de la muchacha elegida.



Ese ramo no es solo un adorno: es promesa, es cortejo y es juego ancestral. Un símbolo de fertilidad y esperanza, heredado de tiempos en que los árboles y las ramas se entendían como mensajeros de la vida. Y todavía hoy, cuando un mozo se atreve a meter el ramo por la ventana, revive con él la magia de un rito que el tiempo no ha podido borrar.
La Asociación de Amigos de Sarnago ha sido clave en mantener viva esta tradición. La fiesta no es solo folclore: es símbolo de resistencia cultural en un pueblo que sufrió la despoblación y que cada año, con las Mondidas, vuelve a llenarse de vida y de memoria. El presidente de la asociación José María Carrascosa trabaja sin cesar para mantener esta tradición, y sobre todo su pueblo vivos.

En Sarnago uno entiende que el milagro no lo hacen los dioses, sino los vecinos. Entre muros derruidos levantan esperanza, rescatan tradiciones y devuelven la vida a un pueblo que se negó a morir. Su trabajo es silencioso, constante y admirable: limpiar, arreglar, organizar, recordar… Cada gesto suyo es un acto de amor a la tierra y a la memoria. Gracias a ellos, Sarnago late, y cada visitante lo siente como un regalo.
Aunque ya no viven vecinos en Sarnago, la memoria del pueblo sigue latiendo. Para mantener vivas sus raíces, los antiguos habitantes y sus descendientes han unido en una sola celebración las tres fiestas que daban identidad al lugar: San Juan, cuando salían las Mondidas con sus arquillas floridas; El Mayo, rito de juventud y de fuerza de la naturaleza; y San Bartolomé, patrón del pueblo.
Hoy, estas tres celebraciones se entrelazan en un mismo encuentro que no es solo fiesta: es la resistencia cultural, es amor a la tierra y es el recordatorio de que un pueblo, aunque despoblado, nunca muere mientras alguien mantenga encendida la llama de su tradición.
Sarnago revive cada agosto gracias a sus gentes, socios y amigos que no esperan milagros, sino que los provocan. La fiesta de las Mondidas no es solo una tradición: es un acto de rebeldía cultural, un grito de amor a la tierra y a la memoria.
