Por Mary carmen de Vicente

Como su etimología indica, estas canciones -que no tenían nada de espirituales- eran propias de villanos y sus asuntos ¡muy terrenales! Su vínculo con la Navidad llegó siglos después tras diversos avatares, contratiempos y tribulaciones

En la antigüedad, el villancico no era una canción navideña, era un canto a capela en el idioma del pueblo. Esas eran las dos características que lo definían; ni siquiera había un tiempo específico, ya que se cantaban en cualquier momento el año. Etimológicamente la palabra viene de la villa y de sus habitantes, los villanos. Lejos de tener connotaciones religiosas, el villancico original era todo lo contrario, se cantaba a la vida cotidiana: al tiempo, al ganado, a la cosecha o al amor.

Por aquel entonces,la música sacra solo se entonaba en iglesias y en latín con acompañamiento del órgano; eran los himnos. Sí existían composiciones de este tipo en torno al nacimiento de Jesús. Una de las primeras fue Gloria in excelsis deo, atribuida al Papa Telesforo (siglo II) que también fue el primer religioso en celebrar la Misa del Gayo.

Papa Telesforo (125-136/138)

Con los años, estas canciones fueron pasando de generación en generación, hasta convertirse en algo muy popular, pero la Iglesia seguía sin admitir durante la liturgia otra lengua que no fuese el latín; los villancicos, por tanto, no eran aceptados. Tuvieron que pasar varios siglos hasta que las autoridades eclesiásticas comprobaron que aquellas melodías populares eran una manera de acercar a sus ritos a aquel público que no conocía el idioma litúrgico.

En el Cancionero de Palacio se recogen villancicos del siglo XV, de destacados compositores de la época, como Juan de la Enzina o Mateo Flecha “El Viejo”.

Juan de la Enzina, más del gusto del pueblo, componía temas terrenales e incluso empleaba palabras un tanto soeces, como en Cucú, cucú, cucucú.

Cucú, cucú, cucucú
guarda no lo seas tú

Compadre debes saber
que la más buena mujer,
rabia siempre por joder
harta bien la tuya tú.

Compadre has de guardar
para nunca encornudar,
si tu mujer sale a mear
sal junto con ella tú.

Mateo Flecha era más espiritual, según se ve en su Riu, Riu, Riu

Riu riu riu, la guarda ribera
 Dios guardó del lobo a nuestra cordera
 El lobo rabioso la quiso morder

Ya en el siglo XVI nuevos músicos componen temas en castellano para que se permitan cantar dentro de la iglesia; se llamaron Villanescas Espirituales.

Francisco Guerrero compuso “Niño de Dios de amor herido”

Niño d’amor herido
tan presto os enamoráis,
que apenas avéis nacido
quando d’amores lloráis.
En esa mortal divisa,
nos mostráis bien el amar, 
pues siendo hijo de risa
lo trocáis por el llorar
La risa nos ha cabido,
el llorar vos lo aceptáis
y apenas avéis nacido
quando d’amores lloráis 

Antonio Cabezón compuso“Jesucristo hombre y Dios”.

Jesucristo hombre y Dios,
y vos Madre de Dios,
no mireys a mi,
no mireys a mi mas mirad a Vos.

La popular “Campana sobre campana” también es de esta época, aunque de autoría desconocida.


Campana sobre campana
y sobre campana una,
asómate a la ventana
verás al Niño en la cuna
Belén, campanas de Belén
que los ángeles tocan
que nuevas nos traen
Recogido tu rebaño
¿a dónde vas pastorcillo?
voy a llevarle al portan
requesón, manteca y vino
Belén, campanas de Belén
que los ángeles tocan
que nuevas nos traen

Aunque el villancico había ido cambiando las letras populares y profanas por otras de sentido religioso, más pegadizas y  con rimas sencillas para que fuesen memorizadas por el pueblo, en 1596 el Rey Felipe II interviene para prohibir todo tema que no sea cantado en latín, según aconsejaba la Santa Madre Iglesia. Esta prohibición real duró más de un siglo.

Llegado el reinado de Felipe IV, la Iglesia sí se abre a aquel prometedor modo de atraer a los templos a la población, y así alejarles de sus costumbres paganas en torno al solsticio de invierno. Esta apertura eclesiástica no solo atrajo a los fieles, sino también a grandes compositores del siglo XVIII —Francisco Corselli, Sebastián Durón y Antonio Literes, entre otros— compusieron villancicos, y el pueblo volvió a cantar tanto en la calle como en la iglesia. No se logró levantar completamente el veto, ya que no eran cantados en las catedrales españolas; incluso estuvieron prohibidos en la Capilla Real por orden expresa de Fernando VI

Los villancicos populares se arraigaron entre las gentes del pueblo, y desde entonces han formado parte de las fiestas navideñas. Son una tradición, se transmiten de padres a hijos y se cantan los mismos villancicos año tras año.

El número uno en el ránking mundial, el más popular y cantado es “Stille Natcht” – (“Noche de Paz”) compuesto en 1816 por el reverendo australiano Joseph Mohr, y llevado al pentagrama en 1818 por Frank Xaver Gruber.

Fue cantado por primera vez en la Iglesia de San Nicolás de Oberndorf, Australia. Y desde entonces siguió conquistando hasta ser cantado en más de 300 lenguas en la actualidad.

¡Feliz Navidad, y entonemos unidos Noche de Paz! O cualquier otro cántico que llene nuestras casas de alegría.

1 thought on “VILLANCICOS: SU NOMBRE NO SABÍA A TURRÓN

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