Por un fin de semana, la historia dejó de ser un discurso para convertirse en experiencia compartida.
Mula (Murcia) ha sido escenario, los días 25 y 26 de abril, de las Jornadas Antropológicas “España Legendaria: Mula Mágica”, una iniciativa organizada conjuntamente por la Sociedad Española de Antropología y Tradiciones Populares y el Ayuntamiento de la localidad. El resultado: dos días intensos que han logrado reunir divulgación, investigación y participación ciudadana en torno a una misma idea —la necesidad de comprender y preservar el patrimonio cultural.

Lejos de plantearse como un evento estrictamente académico, las jornadas han apostado por un formato híbrido en el que el conocimiento se ha desplegado tanto en las conferencias como en el contacto directo con el territorio. Una fórmula que, vista la respuesta del público, funciona.
Historia, símbolos y territorio
La jornada del sábado se inauguró con la intervención del arqueólogo municipal José Antonio Zapata Parra, quien centró su exposición en el Castillo de Mula como eje simbólico del poder del linaje Fajardo. Más allá de su dimensión arquitectónica, el castillo fue presentado como un elemento clave en la construcción de la identidad histórica del municipio.

El arqueólogo y divulgador Santi García aportó un giro narrativo con su ponencia sobre Cartagena, explorada desde una perspectiva donde el dato histórico convive con el imaginario popular. Su intervención puso de relieve cómo las ciudades construyen también su identidad a través de relatos no siempre oficiales, pero sí persistentes.

Cerrando la mañana, el periodista Álvaro Anula abordó los enigmas de la cultura argárica, una de las sociedades más relevantes de la Edad del Bronce en el sureste peninsular. Su exposición incidió en las incógnitas aún abiertas sobre esta cultura, subrayando la importancia de seguir investigando un pasado que dista de estar completamente explicado.

Patrimonio que se recorre
La sesión de tarde incorporó una dimensión experiencial con la intervención de Virginia Page del Pozo, conservadora del Museo de Arte Ibérico El Cigarralejo, quien contextualizó el valor de este enclave como referente del mundo ibérico. Su exposición sirvió de antesala a la visita guiada al museo, donde los asistentes pudieron acercarse de forma directa a las piezas y al discurso museográfico.

Museo de Arte Ibérico El Cigarralejo





El domingo mantuvo la línea iniciada el día anterior con la intervención de Rafael González, director de las excavaciones en la villa romana de Los Villaricos. Su ponencia, centrada en la pervivencia de estos espacios arqueológicos, planteó una reflexión sobre la capacidad del territorio para conservar huellas de larga duración.

La jornada concluyó con una visita guiada al Museo de la Ciudad de Mula, cerrando así un recorrido que ha combinado teoría, contexto y experiencia.




Uno de los aspectos más destacados de estas jornadas ha sido su capacidad para conectar distintos perfiles de público. Investigadores, aficionados al patrimonio y vecinos han compartido espacio en un formato accesible pero riguroso, donde el conocimiento no se ha simplificado, sino explicado.
En un contexto donde el patrimonio cultural se enfrenta a retos como la despoblación, la pérdida de tradiciones o la banalización turística, iniciativas como esta ponen sobre la mesa una cuestión clave: la conservación no es solo una tarea institucional, sino también social.
Al terminar estas jornadas, queda una sensación difícil de explicar, pero muy fácil de reconocer: la de haber tocado algo que nos pertenece a todos. No hablamos solo de piedras antiguas, de museos o de nombres en los libros; hablamos de gestos, de creencias, de historias que han pasado de generación en generación casi sin hacer ruido… hasta que alguien decide escucharlas de verdad.
Porque el patrimonio no es lo que se guarda en vitrinas, es lo que aún late en la memoria colectiva. Y cuando se pierde, no hace ruido. Simplemente desaparece.






Quizá por eso encuentros como este son tan necesarios. Nos obligan —con cierta elegancia— a frenar, a mirar alrededor y a preguntarnos qué estamos dispuestos a conservar. No por nostalgia, sino por responsabilidad.
Mula, durante estos días, no ha sido solo un lugar. Ha sido un recordatorio. De que somos herederos.
Y de que, nos guste o no, también somos los encargados de no romper la cadena.


Gracias Mercedes por este fin de semana tan enriquecedor y por supuesto que seguiremos la cadena 💪🏻 Quedan muchos lugares por visitar y darles vida ✨
Gracias a ti por acompañarme en este camino.