Rosquillas del Santo solo hay unas, pero todas son una bendición

En Madrid con la llegada de mayo y la celebración de las Fiestas de San Isidro, las Rosquillas del Santo vuelven a ser protagonistas en los obradores madrileño; es una dulce estrella en el calendario de festividades de la capital de España.

En las pastelerías se forman colas para comprar el dulce manjar; hay muchas y muy ricas pero fuertes recuerdos infantiles dirigen mis pasos hacia el mismo centro histórico de la villa en donde están las más emblemáticas que sin discusión para mí son: La Antigua Pastelería de Pozo, fundada finalizando el siglo XIX por Julián Leal, situada en la calle del Pozo y El Riojano en la calle Mayor; por supuesto que también son deliciosas las de La Duquesita,  Mallorca, Viena Capellanes… en cualquier barrio, e incluso en los supermercados se encuentran bastante buenas y a un precio más asequible.

El año pasado un grupo de empresarios pasteleros creó “La Ruta de las Rosquillas” ¡fue todo un éxito!  Así que en este año 2026 celebrarán la segunda edición.

Las rosquillas de San Isidro tienen dos variedades principales: listas y tontas, aunque en el año 2022 en algunos obradores, debido a que era Año Jubilar empezaron a hacer unas rosquillas a las que denominaron jubilares. También están las de Santa Clara y Francesas pero estas dos últimas no son específicas de San Isidro, porque se consumen durante todo el año.

¿EN QUÉ SE DIFERENCIAN UNAS DE OTRAS?

Todas tienen la misma base, con harina, azúcar y huevos, las diferencias clave son:

  • Tontas: Son las más sencillas a la masa se añade matalahúva (anís verde) y no llevan cobertura. Las ideales para un público menos goloso.
  • Listas: Se diferencian por su aspecto brillante al estar cubiertas con un glaseado de azúcar, huevo y limón, por lo que son más dulces y las que más adeptos tienen.
  • Francesas: Son una variante de las tontas; la historia cuenta que Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, encontraba insípidas las rosquillas así que pidió a los cocineros reales un toque más dulce y exquisito. Estos añadieron a la masa almendras picadas y las sirvieron espolvoreadas con azúcar glas.
  • Santa Clara: Se distinguen por la capa blanca de merengue seco que las cubre y su textura es más crujiente.
  • Jubilares: Van completamente cubiertas de chocolate.

¿Y… QUÉ PASA CON LAS ROSQUILLAS DE LA TÍA JAVIERA?

Tenemos que retroceder en el tiempo, al siglo XIX y nos desplazamos a Villarejo de Salvanés. En este municipio una vecina hacía rosquillas para celebraciones especiales y tuvo la idea de ir a venderlas a Madrid para las Fiestas de San Isidro. Era muy popular en su pueblo y cuando falleció, sus descendientes continuaron con la tradición yendo a Madrid por San Isidro, para vender las rosquillas típicas de su pueblo. 

Así siguieron año tras año cuando, a mediados del siglo pasado, nuestro gran literato, don Jacinto  Benavente, escribió un artículo en el periódico ABC en donde hablaba de ella y desde entonces se popularizaron con el nombre de su creadora Rosquillas de la Tía Javiera.

Anuncio en prensa del año 1863. (Es muy probable que se refiera a la sobrina segunda de la tía Javiera).

Todos coinciden en que aunque Javiera no fuese santa, sus rosquillas, como las otras de las que aquí hablamos ¡son divinas!

Mary Carmen de Vicente

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