Calasparra. Extraño y misterioso Santuario de Nuestra Señora de la Esperanza

En la zona montañosa, al sur de Murcia,    se ubica la ciudad de Calasparra.  La primera mención de la ciudad aparece en el siglo XIV, pero se sabe con certeza que los árabes habitaron estas tierras en los siglos XI-XIII. Especial atención merece la situación geográfica de la ciudad: Calasparra se encuentra en la cuenca de cuatro ríos, el mayor de los cuales es el Segura. Para la región árida de Murcia, la situación de esta ciudad se podría considerar casi milagrosa.

Pero, además de su favorable ubicación, esta ciudad es famosa por el hecho de que no lejos de ella (a solo 6 km) se encuentra la majestuosa y hermosa iglesia  Santuario de Nuestra Señora de la Esperanza, excavada en la roca. El camino al santuario pasa por un hermoso paseo de cipreses coronado con un arco. En la entrada del templo hay una placa conmemorativa: «Aquí apareció la imagen de la Virgen». Durante siglos, el santuario ha sido lugar de peregrinación de creyentes de toda España y de gentes de mucho más allá de sus fronteras.

Las leyendas

La primera mención escrita del Santuario de la Virgen de la Esperanza  apareció en el siglo XVII. Cuenta la leyenda que un pastor que guardaba su ganado en estas cuevas (talladas sin duda por la corriente del río) encontró una imagen de la Santísima Virgen, la «Pequeñica» también llamada «La Aparecida», que algún caballero cristiano debió olvidar. El pastor comunicó su valioso hallazgo a las autoridades eclesiásticas y municipales de la ciudad. A este lugar acudieron jubilosos vecinos de la ciudad que querían tomar la imagen para llevarla a la iglesia del pueblo, pero la imagen de la Virgen en ese momento se hizo tan pesada para su tamaño que todos entendieron que quería ser venerada en este lugar en particular.

En el Archivo Municipal de Murcia hay un libro del año 1730, Pensil del Ave María, obra del padre Córcoles. En una parte de este libro, el sacerdote describe las tradiciones arraigadas en el pueblo. Dice que es tradición antigua que la Virgen se apareció a un penitente eremita que vivía en una de las cuevas, y le pidió que le edificaran una ermita con la advocación de la Esperanza. La Pequeñica se convirtió en la imagen de gran devoción, y a la cueva empezaron acudir muchos peregrinos para dejar sus exvotos.

Dice así:

“… la manifiestan y dan testimonio de esta verdad las presentallas [nombre medieval del exvoto] que penden de las paredes de la ermita. Allí se ven cabezas, piernas, brazos, y otras hechuras de cera, señales que nos aseguran que esta divina Señora es el alivio de todo género de enfermedades”.

Me sorprendió ver una imagen de la Virgen Mayor de la Esperanza, que legó la calasparreña Juana Sánchez, que todavía hoy preside el Altar Mayor de la Ermita en el Santuario junto con la Pequeñica. La disposición de ambas imágenes, una a los pies de la otra, es poco común en la iconografía mariana.

La imagen no es muy buena, pero es lo mejor que puede hacer mi móvil.

El santuario enclavado en una roca, me pareció hermoso.


Pero lo que más me llamo la atención es una puentecilla tapada con una reja donde se caía el agua gota a gota, que está documentada desde la edad media por Don Enrique Rius, el maestro poeta.

Que resulta que fue bautizada. O sea, cada gota que cae de este manantial es bendita.

Lo más interesante, me pasó cuando entre en una estancia que le llaman museo. Mientras hacía las fotos a las vírgenes más de cerca, aunque sea de espaldas, llegue a un habitáculo que me sobrecogió. Estaba lleno de figuras de cera que estaban al lado de la ubicación de las Virgenes hasta había mechones de pelo.

Supongo que mi cara era un «poema» porque nada más salir se me acercó una señora que se llamaba Paqui y me dijo que no hay nada raro en eso. Que es un oratorio de exvotos que ofrecen a la Virgen de la Esperanza para pedir el milagro de la sanación. Sonriendo, le dije que no creo mucho en estas cosas y me contestó: no importa que tú no creas en la Virgen, lo importante, es que ella si cree en ti. ¡Me convenció! Bajamos a la tienda para comprar un exvoto y volvimos al lugar. Paqui me ayudó a pedir el milagro de la sanación. Y me susurró que tengo que pedir a la Pequeñita, que la otra es hermosa, pero no hace milagros, la verdadera es la Pequeñita. Así lo hice…

Al salir, vi colgados en las paredes los trajes de niños y vestidos de novias. Paqui, me contó que algunas novias dejan sus vestidos para pedir a la Virgen el matrimonio feliz.

Y los trajecitos de los niños, los dejan las madres que piden salud y felicidad para sus hijos.

Seguimos viendo el museo con las joyas de la Virgen. Pasaba el tiempo y yo tenía que seguir mi camino hacia Madrid. Al salir del santuario, Paqui y yo nos abrazamos y me dijo al oído: ya verás que la Pqeuñita te sorprenderá. Le contesté que esto espero.

Al salir del santuario, me dirigí a mi coche para coger el rumbo hacia Madrid, sosegada y feliz. Si alguna vez, paséis por Murcia, visitad este mágico lugar que estoy segura de que no os dejará a nadie indiferente.

Ah, también me compré el arroz de Calasparra 🙂

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *